El filósofo  Santiago Alba Rico propone asumir una actitud antropológicamente conservadora en la conformación de los principios y las praxis emancipadoras de esta nueva era, al generalizar la experiencia de los procesos inerciales y disruptivos, individuales y colectivos, con respecto a los eventos revolucionarios radicales hasta ahora ocurridos.

En este camino está resultando muy difícil para los estudiosos distinguir las causas principales de los fracasos ocurridos en los intentos revolucionarios del siglo pasado por construir sociedades medularmente diferentes a las que llamamos capitalistas o neoliberales hoy.

Pero se va formando consenso alrededor de la que pudiera ser la causa más general – y también la más ineficaz para guiar la acción, por demasiado abstracta – a saber, que la gesta mayor en tiempo y profundidad que arrancó con la revolución bolchevique, al fin y al cabo continuó replicando los principios civilizatorios al emular a la economía capitalista en su propio terreno y al no propiciar un cambio profundo de paradigma cultural, el basado en el crecimiento, consumo y explotación intensiva de la naturaleza,  lo que, a la larga, y al acumularse las consecuencias de sus errores internos con los efectos de la nunca amainada pugna externa de la guerra fría, acabó en la implosión de aquel sistema ante la mirada fríamente indiferente de los grandes círculos de la población. Esto último ha llamado fuertemente la atención de los estudiosos porque si el rédito espiritual, cultural, de más de 60 años de la experiencia de vivir un modo de vida distinto no fue suficiente para provocar una reacción mayoritaria que contuviera el desmoronamiento de todo un sistema, entonces se supone que ocurrió un efecto contrario: que precisamente la condición cultural humana no alcanzó un grado tal de revolución que llevara a que al menos la actitud de las grandes masas ante el estrepitoso cambio no fuera tan conformista o lo convirtiera en un suceso, a su vez, revolucionario.

En todo caso replantea la compleja dialéctica entre los efectos conformativos que se atribuyen a  las estructuraciones (relaciones) sociales, políticas y económicas sobre el hombre, – sin olvidar que es el hombre mismo el que aquí interesa, pues las estructuras no existen sino como entes que se materializan y manifiestan  con las actitudes, decisiones y la volición toda del ser humano – y la influencia de aquellas condiciones antropológicas básicas e insuperables (o muy difícilmente superables) que hacen precisamente que el hombre se haya dado a sí los sistemas sociales que hasta ahora ha sido capaz de concebir.

Continuará…

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