HEREJES, APÓSTATAS, PECADOS Y FE: OTRA PELEA CUBANA CONTRA LOS DEMONIOS DEL DOGMA. (Fragmento)

En el mes de julio del año 1992, Tomás Gutiérrez Alea terminó de escribir un texto que tituló “Las trampas de la (fe) política”[1]. Cuba atravesaba entonces una de sus peores crisis económicas. El antiguo campo socialista encabezado por la URSS había desaparecido, y parejo a ello crecía el malestar popular en medio de lo que sería bautizado como “período especial para tiempos de paz”.

El inicio de aquel texto escrito por Titón más elocuente no puede ser:

“Vivimos en una isla en todos los sentidos: nos hemos aislado demasiado. Culturalmente hemos venido empobreciéndonos; no recibimos los estímulos de tantas y tantas cosas que en el mundo se producen a diario, que salen en las revistas, que se discuten en la televisión, y que mantienen un ritmo ya inaprensible para nosotros, porque vivimos en una isla donde la vida se ha adormecido. Si pretendemos comunicarnos con el resto del mundo, deberíamos tener en cuenta que no somos el mundo.

Se empezó por idealizar al hombre y, consecuentemente, se sustituyeron los incentivos materiales por incentivos morales, más acordes con un hombre libre de egoísmos y con un nivel superior de conciencia social. Como la realidad no se comportaba de acuerdo con las expectativas, fue necesario un reajuste. Había que producir ese nuevo hombre a toda costa. Los mecanismos económicos que obligan a trabajar al hombre en el capitalismo se sustituyeron por prédicas morales y consignas políticas. Al mismo tiempo se incrementó la vigilancia y la prensa nos informaba días tras días que vivíamos en el mejor de los mundos posibles.

Y, para alcanzar esas aspiraciones a corto plazo, la revolución se dio el lujo de cometer los más variados errores en la elaboración de una política económica cuyos rasgos esenciales, mantenidos persistentemente, han sido el idealismo, el paternalismo, el voluntarismo y la falta de sentido práctico”.[2]

Es preciso no perder de vista que aquellos eran tiempos en que el derrumbe del campo socialista trajo como consecuencia el desconcierto ideológico dentro de la isla, cuando no el abandono radical de las antiguas ideas marxistas, al considerarse que respondían a un período histórico ya superado por la realidad. Dentro del ICAIC, por ejemplo, el caso más notorio de ruptura pública fue Jesús Díaz, quien en Alemania expuso el artículo “Los anillos de la serpiente”, y el cual le valiera que fuera acusado casi de inmediato de apóstata.

De todas formas, en aquellos momentos la fe en el progreso imparable de la Historia, progreso que haría posible la desaparición de las clases sociales según pregonaban los que habían simplificado la profecía de Marx, a pesar de todo aún se conservaba. Y creo que, dos décadas después, la gente más desposeída que habitan el planeta (y que son mayorías comparados con los que detentan el gran poder) conserva intacta esa esperanza de mejoría, aún cuando tengan todo el derecho del mundo para recelar de lo que antes se les prometió en el mundo comunista. La fe en las ideologías cristalizadas es algo que cíclicamente se rompe, pero la fe en sí mismo seguirá existiendo siempre.

En el caso de Cuba, cuando a partir de 1961 se declara el carácter socialista de la revolución cubana, la fe, tal como se le concebía con anterioridad, casi siempre asociada a la religión, devino en algo más tangible. Se consolidó entonces la fe política a la que alude Titón en su texto, fe en el cambio de las condiciones materiales y la redistribución de las riquezas producidas, cambio del que serían exclusivamente responsables los seres humanos, y más concretamente, los revolucionarios. Por eso en aquella primera década de revolución pueden detectarse varios momentos donde, dentro del mismo campo fidelista, los actores pugnaban por concederle una mayor precisión al término, o sencillamente, peleaban por monopolizar el sentido de esa fe que se promovía.

Así que se luchaba por concederle al cambio revolucionario un carácter científico, aún cuando muchos de los términos utilizados en los debates le debían más a la mística que al rigor filosófico. Se hablaba, por ejemplo, de herejía (Alfredo Guevara) o de pecado original (Ernesto Che Guevara), y cuando alguien comenzaba a pontificar en nombre de lo que otros consideraban un dogma marxista, se le salía al paso. Pongamos el ejemplo del propio Titón, que en una de sus polémicas de aquella época aseguraba: “Y es que la idea del pecado original responde a una concepción mística del dogma católico. No tiene nada que ver con el marxismo. Ni siquiera con un “dogma marxista” que algunos quisieran tener como punto de apoyo y que sencillamente no existe”.[3]

O cuando más tarde el Che en su conocido texto “El socialismo y el Hombre Nuevo en Cuba” les recrimina a los intelectuales su “pecado original” es Roberto Fernández Retamar el que le opone al argentino esta objeción que coincide, en esencia, con lo que señalara Titón: “El “pecado original”, como concepto, proviene de la tradición judeocristiana, e implica una tara de la cual no es responsable aquel que la sufre, y que nunca podrá ya quitarse de encima. ¿No le parece a usted que para un revolucionario marxista no hay “pecado original” alguno, y que el hombre, en primer lugar, es responsable sólo de sus actos, y en segundo lugar, puede con esos actos modificar ciertas condiciones, revolucionar lo exterior y revolucionarse él mismo?[4]

Los que estamos a punto de cumplir cincuenta años (o ya los cumplimos por estas fechas), nos formamos en un clima ajeno a esos libres exámenes, para decirlo en el lenguaje preferido de Lutero. Ya para entonces, la revista “Pensamiento crítico” había desaparecido, y en su lugar, se imponía poco a poco un concepto de marxismo unívoco y de manual, toda vez que las propuestas de Desiderio Navarro a través de “Criterios”, por ejemplo, difícilmente alcanzaban visibilidad en centros de formación intelectual.

No me gusta hablar en nombre de mi grupo generacional, pero tengo la impresión de que muchos de nosotros nos criamos con la sensación de que la herejía intelectual se asociaba al pecado, a lo patológico, o peor aún, a la traición. Y eso que somos hijos de un tiempo que se configuró sobre la base de quienes admiraban a uno de los mayores herejes que ha conocido la historia de la humanidad: Carlos Marx. De hecho, desde el momento en que la revolución encabezada por Fidel había dejado definido su perfil comunista, el marxismo pasó a convertirse en el único referente filosófico del grueso de los cubanos, gracias al carácter “científico” que por todos lados se pregonaba poseía esta doctrina. Pero entonces la filosofía que comenzó a impartirse dejó de ser ejercicio filosófico (que es básicamente búsqueda desinteresada de la verdad, de la sabiduría, del bien práctico en función de una comunidad), para transformarse en suerte de dogma partidista distribuido en manuales de una sola línea, y donde no era recomendable poner en práctica algo de lo que Marx, paradójicamente, siempre fue un maestro: la sospecha crítica y la herejía intelectual.

Tengo que admitir que mi descubrimiento de que toda fe necesita de la herejía, si aspira a perdurar, fue tardío. Ese descubrimiento se lo debo a la lectura de Jorge Mañach y a la cita que alguna vez hizo de esta observación de San Agustín: “Conviene, sin embargo, que haya herejes. Conviene, porque sin ellos, no habría discusión en qué fortalecer la fe”.

La figura del hereje, como todo lo humano, tiene un carácter histórico. Cada época ha creado y seguirá creando sus propios herejes, y los ha condenado y condenará sin contemplación, lo mismo a la muerte (como notifica esa tradición que alcanza su primera gran visibilidad con Sócrates, y se extiende en Giordano Bruno, por mencionar apenas dos), al exilio (exterior e interior), o al linchamiento colectivo (físico o verbal) a manos de sus contemporáneos.

Luego sucede que esos grandes herejes (si de veras estaban encaminando la ruta de sus herejías en función de un mejoramiento de la convivencia humana) son recuperados en fechas posteriores, y valorados como héroes cívicos por las nuevas generaciones. Así, la fe en la conquista de valores superiores que dignifiquen al ser humano por ser precisamente humano(y no por las riquezas que posea, o por la fortaleza física) termina reforzada justo con los ataques que esos grandes herejes dirigieron en su momento a los dogmas que un Poder temporal quiso eternizar.

Lamentablemente, estas historias de batallas intelectuales, dogmatismos, herejías, apostasías, y renacimientos de la fe en el marxismo crítico, resultan desconocidas para el grueso de las personas que viven en Cuba y fuera de Cuba. Esta parte de nuestra Historia (que ya no es tan reciente) no forma parte de ningún plan de enseñanza en nuestras escuelas, y cuando no es silenciada porque hacerla pública sería otra forma de entregarle “armas al enemigo”, es manipulada casi siempre por funcionarios de tirios y troyanos que optan por utilizar lascas de ese todo complejo que alguna vez existió, y del cual deciden utilizar solo aquello que en el presente pueda servir para prolongar la política establecida por el Estado desde aquella famosa alocución de Fidel a los intelectuales, o lamentarse de lo que la Historia pudo ser pero no fue “por culpa de…”. Como si la complejidad de la Historia se debiera a un solo hombre, a un solo momento, a un solo estado de ánimo…

Por eso como estudioso del audiovisual cubano, sigo con mis pesquisas en lo que podría ser el sustrato intelectual de ese conjunto de imágenes y sonidos que han llegado hasta nosotros bajo el rubro de cine cubano. ¿Podría entenderse el cine cubano de los sesenta, con su tendencia hegemónica al combate explícito en lo ideológico, sin rastrear en ese trasfondo de incesante lucha humana? No lo creo: cada una de las películas que se hicieron entonces, en realidad estaba debatiendo con la época, y más que con la época, con los diversos grupos que ocupaban los escenarios públicos de la fecha.

Es una lástima que se mantengan en las sombras las abundantes polémicas que en su momento se protagonizaron. Polémicas que lo mismo involucraba al Che, que a Carlos Rafael Rodríguez, o Roberto Fernández Retamar, por mencionar a algunos. Es una lástima porque al final lo que ha sobrevivido de esa etapa es una caricatura de lo que fue. Y las nuevas generaciones que están a favor del socialismo se van formando en medio de una orfandad polemológica que muchas veces condena a sus miembros a la simple condición de dóciles epígonos de un ideal, o agitadores de banderas y consignas que hablan más de la lealtad a ultranza (la fidelidad ciega), que de la argumentación a fondo.

Los cineastas de los sesenta (encabezados por Alfredo Guevara) fueron muchas veces cruentos en sus debates. Sabían que el empeño de construir una sociedad socialista demandaba algo más que buena voluntad, y mucho más que esa retórica cansina que repite en abstracto aquello de la libertad, igualdad y fraternidad. Hoy sabemos que es lo fáctico lo que en realidad dispone todo el tiempo, aunque pareciera que, consolidada en nuestras mentes la Ilustración, es lo racional lo que manda.

Devolverle el rol movilizador a la herejía intelectual, será uno de los grandes desafíos a encarar en la Cuba futura. La herejía intelectual ya no está de moda, debido a esa sobredosis de “capitalismo feliz” que nos venden a diario en las cada vez más numerosas pantallas del mundo, aunque en la vida real, las relaciones de poder sigan condenando a la mayoría de la gente a la angustia de sobrevivir en el fangoso día a día. De hecho, a veces tengo la impresión de que si el socialismo de estado fracasó en el siglo XX y el capitalismo sobrevive, fue precisamente porque aquel sistema (en virtud de su pedestre autoritarismo) se encargó de castigar y hasta desaparecer a todos sus herejes, sin aprovechar en lo más mínimo el sentido de sus críticas, mientras que el capitalismo los hace suyo a diario, incluso llega a domesticarlos en ocasiones, y los pone en función de los intereses de quienes finalmente mandan.

Obviamente, no fueron solo los estados autoritarios los responsables de que la herejía se haya convertido en rara avis en nuestras sociedades modernas. Está también el propio individuo, con su miedo a la libertad, para decirlo como Fromm. Ya lo explicaba de un modo magistral Elisabeth Noelle-Neumann en su ensayo “La espiral del silencio”, al describirnos el miedo natural del individuo cuando presiente que sufrirá un aislamiento social si expresa sus opiniones más auténticas, y estas no coinciden con las del grupo mayoritario. ¿Acaso no vemos a diario en Facebook cómo las personas, viviendo en sociedades democráticas, se abstienen de pronunciarse a favor de determinadas ideas que saben justas, aunque impopulares?

Y es que los cubanos tendríamos que comenzar a pensar con seriedad cuál es la relación ideal que habría de establecerse en un futuro entre la democracia y la libertad individual, que siempre es herética porque conserva la fe en un mundo mejor, y sobre todo, más fraternal. En lo personal, no he temido buscar luces en aquellos que alguna vez me prohibieron leer por peligrosos herejes, y he encontrado en Adam Michnik, por ejemplo, una idea que comparto: “Democracia no es exactamente lo mismo que libertad. La democracia es la libertad consagrada por el Estado de derecho. Por sí misma, la libertad, sin los límites impuestos por la ley y la tradición, es una vía hacia la anarquía y el caos, que se rige por el poder del más fuerte”.

Las ideas expuestas por Titón en “Las trampas de la (fe) política” parecían resumir algunas de las obsesiones y angustias que ya había expresado el cineasta desde bien temprano en su obra cinematográfica: el peligro de la insularidad física e ideológica estuvo en el centro mismo deUna pelea cubana contra los demonios; la denuncia del paternalismo del Estado y la relación establecida entre intelectuales y obreros motivó el surgimiento de Hasta cierto punto; las críticas al idealismo socialista todavía sobreviven invictas en Memorias del subdesarrollo.Como Titón, muchos herejes cubanos se han empeñado en sortear las trampas que dispuso una burocracia ideológica que ha querido monopolizar el supuesto sentido que tendría construir el socialismo. Correspondería a los historiadores de las ideas que han circulado en Cuba sacar a la luz ese cuerpo de reflexiones que han ayudado, de modo silencioso, a que pese a todo la fe no se extinga.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el mayo 30, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Mi estimado amigo Juany:
    Uno de mis principales intereses es el estudio de la geopolítica contemporánea y por consiguiente, todo lo relacionado con las democracias y el tema afín del republicanismo. Algunas veces te comenté al sesgo, creo recordar, a jóvenes autores nuestros que frecuento todo lo que me es posible, como julio César Guanche, y a otros veteranos de gran importancia en Cuba, como Fernando Martínez Heredia, principal intelectual de aquellos tiempos de Pensamiento Crítico, que mencionas en el post. Por cierto, pese a ser este último una de las principales y más dolorosas (intelectualmente hablando) víctimas del período de constreñimiento del debate de ideas que comienza en los 70, e incluso después cuando los sucesos del CEA, a mi parecer, ha mantenido una actitud, en lo personal y en lo científico, ejemplarmente equilibrada en sus valoraciones y en su obra posterior toda, y que es la que contrasta con el hipercriticismo, muchas veces superficial, o no rigurosamente contextualizado conque a veces se abordan las valoraciones de aquel período.
    Leo todo lo que escribes y se comenta en Cine Cubano… con particular interés y atención porque aunque soy un simple espectador de películas, en tu blog, sobre todo en las polémicas que a ratos se suscitan, se puede tomar el pulso de lo más vivo del intercambio de ideas (heréticas) que hoy ocurre al margen de la gran prensa (nacional o internacional, por cierto). Te digo todo esto alrededor de mis intereses, que quizás por demasiado personal no sea muy pertinente, para que comprendas mejor lo poderosamente que me ha llamado la atención, y sorprendido, una afirmación, que en medio de una pregunta, haces con respecto a las democracias. Tú preguntas: “ ¿Acaso no vemos a diario en Facebook cómo las personas, viviendo en sociedades democráticas, se abstienen de pronunciarse a favor de determinadas ideas que saben justas…? Lo que me llama la atención es tal rotunda afirmación de que hay sociedades viviendo en democracia, cuando hay un aplastante consenso hoy día entre los estudiosos más serios y confiables sobre el tema, (y que yo comparto) de que tal pretendidas democracias (las representativas, las parlamentarias), no son tales, sino quizás al modo de cómo fue la griega, es decir, un espacio donde verdaderamente sólo tienen derecho a parlamentar y decidir los verdaderos dueños, y donde el candidato que acumula la mayor cantidad de votos es siempre el mismo, es decir, la abstención, pero que por supuesto, no se acepta en su justo significado que es dejar en cero toda la legitimidad de un proceso a todas luces fraudulento. Es un hecho tan frecuente que apenas merece argumentación, pero es sintomático que también sea frecuente que los que proponen ese tipo de democracia a Cuba, por ejemplo, no han aceptado, o silencian, la más de una decena de veces que las votaciones en Venezuela han tenido muy baja abstención y además, aquellos momentos en que el margen de diferencia a favor del chavismo ha sido de cifras muy significativas, y en cambio aúllan cuando es baja, como ocurrió recientemente, pese a ser lo que piden, es decir, elecciones “democráticas”, es decir, procesos de elecciones en que se aplican las mismas reglas de juego que proponen como las únicas de auténtico escenario de la libertad. Te comento esto fraternalmente porque en el orbe de tu imaginario intelectual no suponía ese criterio y me parece que a un amigo que se estima y admira por su labor intelectual hay que decirle francamente lo que se piensa, sobre todo cuando defendemos, como debe ser, la necesidad, ya crítica, que tenemos del debate franco entre todos. Y claro que estoy abierto al estudio, pero necesitaría que me dijeras cuáles son esas sociedades democráticas a que te refieres. Un abrazo, Luque.

  2. Querido Luque, es cierto que el término “democracia” ha sido secuestrado por aquellos grupos que hoy controlan el poder y venden esas sociedades como las que les interesan a la mayoría. Tal vez debí poner entre comillas lo de “sociedades democráticas”, aunque creo que el texto deja por sentado que no creo que hasta ahora el hombre haya podido construir un espacio así. De cualquier forma, la esencia del post va por otro lado, y yo la formularía del siguiente modo: ¿qué hacemos con los herejes del socialismo? Hasta ahora el socialismo que conocemos, o mejor dicho, los grupos que impulsan ese socialismo lo único que ha hecho es reciclar los mismo mecanismos de represión que existían antes, y que el capitalismo hace lucir más light, aunque resulta represión al fin. Como cubano me interesa no tanto aludir al mal que ya sabemos existen en las sociedades foráneas (aunque para nada digo que debamos permanecer indiferentes), como contribuir a que entre nosotros sobrevenga, de verdad, la democracia. No como algo abstracto, sino real. Un abrazo fuerte, Juan Antonio.

  3. Si uno se detiene a pensar un poco todo se conecta, no creo haberme salido mucho del tema del post. Ok, te refieres, – esos “socialismos” que han reciclado las represiones, – al ahora llamado “socialismo real”, es decir, el que realmente existió, nada fiel a los principios más nobles y básicos del ideal socialista y que por esa razón otros estudiosos han llamado con más propiedad, socialismo “irreal”. ¿Qué hacemos con los herejes? Hay que tener en cuenta que independientemente de que el capitalismo realmente existente tiene una esencia incuestionable, no existe el capitalismo abstracto, único, sino muchas formas de manifestarse, según se viene estudiando. Pero así ha sucedido con los “socialismos” que pese al reciclaje a que te refieres, han sido experimentos infinitamente superiores en muchos órdenes, y que en su fracaso no han intervenido sólo los llamados errores y deformaciones internas, cosa que no se sabrá en puridad nunca, parece que no se sabrá porque hasta el momento nunca dejarán los que se le oponen a que el intento transcurra en un laboratorio aséptico ni mucho menos. De manera que los factores externos han tenido mucho que ver. Creo que la polémica en torno a la entrevista de Padura tenía que ver con el hecho de que en la peculiaridad del caso cubano, precisamente la influencia de esos factores externos nunca se podrán minimizar demasiado, y menos desconocer en cualquier análisis, más si ese análisis se hace por figuras intelectuales de cierto prestigio e influencia.

    El caso es que una parte de la “crítica hereje” actual carga enfáticamente la mano en el fracaso del socialismo en cuanto a sus errores internos, (por ejemplo, mordaza del debate, corrupción, etc.) y en ocasiones contribuye – quizás sin mala intención (dejemos la mala fe para los que tienen verdaderos y muy poderosos intereses en ello) – al descrédito no de aquellos países o gobiernos que condujeron mal las cosas, sino a la idea del socialismo en sí, y si eso no es darle armas al enemigo, entonces yo no sé qué cosa sea o se le parezca más.

    Pero es claro que ya estamos de acuerdo muchos que eso no debe ser razón para amordazar al debate, para volver a quemar a los herejes, pero sí para manejar responsable mente la crítica, al menos considerando en lo posible todas las principales variables del asunto. Te he repetido varias veces el nombre de Fernando Martínez. Ese y otros, allá y allende, muestran claramente el triunfo arrollador que va teniendo la cultura capitalista actual en todo el mundo, y en cuya cuerda floja ahora mismo Cuba se balancea peligrosamente, entonces, toda crítica “hereje” si resulta sesgada, y sobre todo descontextualizada, que no sea multifactorial, contribuye a sembrar más profundamente en lo más llano del imaginario del hombre común, no que los intentos socialistas han fracasado, sino que el capitalismo puede tener “cosas” malas, pero es lo único posible y eso, créeme – y yo sé que tú lo sabes como intelectual de gran capacidad que eres, y por cierto uno de nuestros buenos herejes , creo yo, – es hacer la tarea que no nos debiera pertenecer. Incluso con los intentos en curso del llamado socialismo del siglo XXI están ocurriendo procesos muy complejos, que lo acercan y alejan dinámicamente de lo que creemos debe ser la verdadera democracia, el empoderamiento cada vez más pleno de las mayorías para que su cuota de poder no sea representada sino ejercida.

    Quizás los análisis herejes desamorados y que cargan las tintas en los errores hacen tareas de casa que no le corresponden, entonces, si tampoco debemos callar, lo que le pide el hombre común al intelectual, es que cuando ejerza su herejía lo haga como verdadero hereje, pero del lado correcto de la barricada, es decir, que sopese todos los factores, y si no lo sabe hacer, pues entonces haga su silencio, que no será por imposición externa, sino por la exigencia de su propia probidad intelectual. Yo confío en que me entiendes aunque como no soy un intelectual de profesión, digamos, no me explique con suficiente claridad. Y tú y yo, siempre hermanos en el intento, como nos pide FMH, de pensar con la propia cabeza, pero ojalá con buena cabeza, que en el mejor cubano, es, también, no hacer foul a la malla.

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