Los textos sobre el tema de la cultura de la propiedad privada, de Luis Toledo Sande, pueden leerse en:

http://luistoledosande.wordpress.com/2014/03/13/cultura-de-la-propiedad-privada-o-cuidado-con-ese-culto/

http://luistoledosande.wordpress.com/2014/06/05/mas-sobre-cultura-de-la-propiedad-privada-y-mas/#comment-1580

“La tenacidad de ciertas profecías, sobre las cuales el articulista preferiría no volver, obliga a posponer la reflexión sobre otros comentarios. Los hay de sesgos muy diversos, y algunos revelan lúcida comprensión sobre la complejidad del reto que Cuba encara, y sobre los cuidados que debe poner en sus transformaciones. Algunos son tan sugerentes como uno, enviado a Cubadebate, sobre la necesidad de conocer verdaderamente el significado de propiedad social, y las diferencias entre la particular, la estatal, la cooperativa y, curioso neologismo, la estaticular. Tela habrá para seguir cortando, tanto con tijeras sociales como de propiedad personal. Pero ¿tendrá tanta paciencia el deseado público lector?”

Luis Toledo Sande.

No sólo tendrán paciencia muchos lectores, supongo, sino que creo que no somos pocos  los que esperan, y tendrán la paciencia necesaria para esperar, lo que ud. quiera y pueda escribir sobre el tema. Hasta dónde conozco, no hay muchos hoy en Cuba, con ud. y Fernando Martínez Heredia, que estén advirtiendo, contra corriente, lo que se puede avecinar si la restitución de la propiedad privada se va de las manos de una conducción creativa y superadora de lo que ya se conoce suficientemente. No es casual que algunos en Europa y en otros ciertos lugares muy conocidos, comiencen a visitar,  sonreír, aplaudir y alentar los cambios en la Isla. Tienen la secreta certeza de que el camino por el que supuestamente se avanzará ahora, se tiende como una cuerda floja y un abismo espera debajo. Por eso sus reflexiones son necesarias y urgentes, más bien.

En estas complejas circunstancias, las cubanas y las internacionales de ahora mismo, no hay nadie hoy que pueda sabérselas todas, como se dice en criollo, con respecto al tema de cómo construir el socialismo y cuáles deben seer las formas de propiedad que le sean propia, y mucho menos se sabe si hay un camino único y acertado para realizar una sociedad esencialmente distinta a la capitalista,  pero quizás a fuerza de reflexionar y advertir con valentía y a contracorriente, se haga pensar a mucha gente para que no  olviden que la propiedad privada, – incluso la que puede llamarse pequeña, pero que vaya más allá de la meramente personal, es decir, aquella que se apropie de lo que le pertenece en justicia a otro, se acumule a haga que algunas personas o grupos puedan imponer su voluntad explotadora a las mayorías, – siempre estará diametralmente opuesta al ideal socialista  y que fomentarla porque se crea, o sea cierto, que no hay visible otro camino en Cuba,  es  lo que debemos aceptar como otro de los triunfos del sistema cultural capitalista que, sostenido sobre el dominio absoluto y global hoy de su sistema de producción – la propiedad privada – impera evidentemente sobre las grandes multitudes, incluso diseña la vida de los explotados, y marca el paso de sus proyectos y sus aspiraciones de vida. Hoy se habla de pobreza equipada – TV plasma, celulares, toda la parafernalia tecnológica – en grandes masas con precaria atención sanitaria y de salud, con muy deficiente asimilación del saber de la humanidad, que ha podido ser encantada y enajenada por los cánticos de sirenas de una supuesta prosperidad para todos bajo un régimen donde la propiedad privada alcance cierto auge.

Quizás 200 0 300 años más tarde, nuestros descendientes lleguen a la conclusión de que ese tipo de sociedad se intentó en grande desde 1917 cuando era demasiado temprano, porque quién sabe cuánto tiene que sucederle todavía a la hegemonía mundial capitalista, cuánto tiene que sufrir la humanidad aún para que se vaya acumulando hasta límites incontenibles la fuerza de su protesta y su desesperación,  para hacer más que posible, ya impostergable, la construcción de una forma de vivir – y de reproducir la vida material !!! – esencialmente distinta.

Pero en la discusión sobre la propiedad privada versus la social creo que nos movemos en el mismo marco de reflexión, condicionado por el modo de civilización que conocemos, como en una trampa teórica imantada de la que no podemos salirnos.

No se debe especular a priori, pero todas las evidencias apuntan – China, Vietnam y otros – que allí dónde el camino escogido ha sido darle libre curso a la propiedad privada, no hay horizonte visible en el que se consiga vislumbrar que de él se podrá evolucionar hacia o echar las bases de sociedades socialistas.

La otrora URSS, por otra parte, escogió, o se vio obligada escoger, en lo económico, la vía de hacerle la competencia en su mismo terreno al capitalismo hasta que alcanzó cifras  superiores en muchos renglones productivos y un extraordinario desarrollo de la ciencia en muchas de sus ramas fundamentales.

Con ello repitió, o se vio obligada a repetir, quién lo sabe, el mismo esquema civilizatorio que conocemos, sin haberle sido posible crear otra cultura, y fuera de esquematismos, creo que esa es una de las enseñanzas de Marx, y no por la falsa ley de la rígida relación entre la base económica y la superestructura, sino porque tener como teleología de la existencia espiritual y material el crecimiento incesante y el consumo desmedido quizás no puede llevar a otros valores ni a otra cosmovisión que las que nos propone la cultura capitalista de masas.

Por otra parte, el ser humano no tiene una esencia abstracta de egoísmo porque si no, ¿cómo es posible que tantos individuos, héroes conocidos, personajes sobresalientes, pero también seres anónimos, contradigan esa esencia en todos los momentos de la historia?  Aquí no cabría decir que las excepciones confirmen la regla, porque las esencias dejarían de serlo si tuvieran diversa manifestación.

En ese sentido creo que hay otro aporte marxiano, (no sé si marxista, porque hay muchos “marxismos”), según el cual, al entrar en relaciones económicas, de propiedad, de producción , los hombres crean determinadas relaciones sociales que en cierto sentido cobran independencia y sobrepasan  y se imponen a su voluntad, y aunque no son fatídicas, porque son creadas por el mismo hombre y revolucionadas por su acción, (precisamente, por eso existen las Revoluciones!!),  ellas de imponen y demarcan zonas posible del comportamiento social y de las posibilidades del crecimiento humano, entre esas determinaciones, los valores que se crean las sociedades y las aspiraciones que pueblan su imaginario.

Precisamente por ello Fernando Martínez Heredia advierte continuamente que hay que rebelarse contra la idea de proponerse sólo lo que nos parezca “posible”, porque lo que creemos posible está condicionado por esas relaciones que creamos en cada sistema social de vida, y proponiéndonos sólo lo posible nunca irrumpiremos en lo desconocido, que en el terreno del que hablamos, es ese modo de vida y ese modo de construcción de un sistema civilizatorio distinto al capitalista que hemos dado en llamar socialismo. La construcción del socialismo es, en eencia, la concepción de otro modo de explotar los recursos de la tierra, otro modo de producir, otro modo de “consumir” y otro modo de relacionarse los seres humanos entre sí. No sólo por no ofender la humana condición, sino porque tal vez eso no nos lleve a descubrir el camino justo para lograr el cambio, es que no debemos pensar que el egoísmo y el individualismo son esencias fatales e inalterables, aunque continuamente todos estemos tentados a llegar a esa conclusión y cada vez se haga más difícil refutarlo. Pero tenemos que descubrir qué es lo que explica lo que anecdóticamente tanta veces hemos visto: que en una guarapera, propiedad social, siempre había moscas e indiferencia, hasta que cierta vez al pasar por allí, el caminante sediento ve limpieza y sonrisas y premura en servir el noble jugo de la caña de azúcar. ¿Es que desde aquel día aquella guarapera se habría convertido en privada?

Si ese hecho se hace tan tenazmente repetitivo quizás debamos pensar que no es sólo lo peor del hombre ya propietario privado de pequeñas dimensiones (lo que se llama ahora una PYME pequeña) lo que genera su individual preocupación por ser eficiente y exitoso, sino que, aquello que hemos concebido hasta el momento como propiedad social no lo era tal como se nos ocurrió disponerlo, porque no llegó a ser  ni social ni de nadie, en cuanto el resultado del hecho de ser propietario de aquellos bienes sociales no se pudieron traducir visiblemente en un cambio exitoso de las vidas de sus propietarios, y no sólo materialmente, sino en aquella satisfacción que nos da conseguir una meta por nuestro esfuerzo. Indudablemente cierta dosis de individualismo interviene en que el propietario privado comience a mostrarse más preocupado porque todo funcione más eficazmente. Y ese mismo individualismo ha funcionado para que la propiedad “social” le fuera indiferente.

Pero lo que se nos olvida es que el individualismo es un valor que se forma cuando la doctrina económica que impone un sistema capitalista es el de la competencia, (que no es tal, por cierto, sino depredación, porque para competir se ha de estar en igualdad de condiciones iniciales), que no consiste sólo en lograr mejor calidad que el otro en buena lid, (recuérdese la obsolescencia programada),  como hacen creer, o mejor satisfacción de una necesidad, como proclama la publicidad, sino muchas veces la creación de necesidades artificiales, verdadero propósito del bombardeo publicitario : la competencia es la desleal y desigual batalla por obtener mejor tasa de ganancia que el otro, y como siempre el pastel tiene una determinada dimensión dado un momento sincrónico de la economía, cuando alguien corta un pedazo mayor, mediante la “competencia”, la está restando de otros que la reciben más pequeña, pero que realmente no están en igualdad de condiciones para haberlo logrado de otro modo. Es lo que sucede también con el llamado libre comercio de los tratados que le proponen las potencias a los países de economía extractivista, los llamados ALCA, donde existe cualquier tipo de asimetría de posibilidades menos libertad de libre concurrencia, como es notorio y no se puede argumentar aquí. Lo que ocurre entre los estados ocurre entre los individuos. Así como los estados sojuzgados por otros, (verdaderos “estados” transnacionales) mediante la doctrina neoliberal, están en muy diferente posición para competir en igualdad de condiciones, asimismo dentro de los estados, a medida que la propiedad privada va tomando dimensiones más allá de cierta dimensión crítica, cuyos límites tienen que medir los especialistas y los gobiernos, se van ahondando las asimetrías sociales y con ello van triunfando los valores, precisamente detentando y defendiendo los cuales, hasta muchos que viven en la pobreza llegan a defender porque “ve” que otros han llegado a donde él aspira a llegar. Sólo tendría que “esforzarse”. Es curioso como muchos explotados califican y desprecian a otro que no “mejoran” porque son “flojos”. Triunfo total del sistema de valores capitalista y cuyo germen está, precisamente en el crecimiento desmedido de la propiedad privada.

Algunos creen que sólo se trata de demonizar un concepto porque casi todos nosotros nos movemos en la época como si ella fuera el agua y nosotros los peces: ha llegado a parecer tan “natural”, que no podemos cuestionarnos lo que parece evidente, como nos advierte Fernando Martínez Heredia.

Por eso algunos pensadores están insistiendo en que de lo que se trata es de la necesidad de un cambio civilizatorio, y hay que prestar mucha atención a los argumentos de los que sostienen las ideas del decrecimiento económico antes de que ese cambio de rumbo no se haga sólo aconsejable, sino un trágico imperativo. ¿Pero puede un país hoy intentar otra cosa que no sea forzosamente incorporarse al abrazo de muerte del tejido económico mundial capitalista? Es lo que parece que trata de hacer Cuba ahora y, a la vez, hacer la inaudita hazaña de conservar las esencias socialistas que pudo conquistar, aquello de lo mejor que haya conseguido hasta este momento en que ha tenido que variar el rumbo inicial.

Esa pregunta no puede tener una respuesta a priori, pero tampoco podemos esperar que todo salga bien sólo a posteriori. Si Cuba hoy, como incluso todos los países del Alba, no tiene otro remedio que seguir las mismas pautas económicas capitalistas, – es decir, proponerse crecer y crecer incluso a cualquier eco-costo, que es siempre no otra cosa sino el objetivo de más PIB y cada vez más PIB, y que no será nunca para los países periféricos un verdadero desarrollo, (y ahora se está viendo que tampoco ha sido posible indefinidamente para las llamadas sociedades del bienestar, que se están desmontando ante nuestros ojos),-  Cuba no estaría siguiendo sino el mismo camino de la teoría del continuo crecimiento, meta que no podrá abandonar al conectarse con las estructuras económicas capitalistas dominantes, el dogal de sus sistemas de inversiones, créditos, etc.,  vía que no sólo es impuesta por la hegemonía capitalista, sino, hay que admitirlo sin sonrojos, porque para cada vez más amplias capas de la población  cubana, ese es el principal ideal que tiene, ese es el que se proclama y les llega por todos los medios de  desinformación y deformación de la guerra mediática moderna.

Y no he leído que se repita mucho: pero hemos de admitir que esa aspiración es un triunfo de la política norteamericana en la Isla, porque si aquello de ahogar de hambre y sed al pueblo y provocar levantamientos no pudieron conseguirlo ni hasta en los durísimos primeros años 90, sí han logrado que tensos años de austeridad y espera continua de mejorías materiales, al modo como lo muestra la vitrina del capital, se hayan sembrado en el imaginario, sobre todo de las generaciones más jóvenes, y que ya no se conciba otra vida sino la que la humanidad hasta ahora conoce y donde hasta el momento, el socialismo se perfila como un futuro muy lejano que comenzará a hacerse otra vez posible, no por las esperanzas que se ponen en elecciones que alternen de vez en cuando gobiernos que sólo buscan la gobernabilidad de lo existente, sino cuando sea posible nuevamente la lucha armada, la revolución profunda de las estructuras, que ahora se desarman, pero que en algún momento tendrán que renacer, inevitablemente, aunque eso suene  ahora a exageración anarquista o a pistoletazo en medio de un concierto de esperanzas parlamentarias.

Por otra parte, la única vía posible para que Cuba se salga de ese abrazo mortal, y venciera nuevamente el acoso de medio siglo – que ahora es moda muy malintencionada o ingenua minimizar –  es un imposible si de las grandes multitudes se habla: que la mayor parte de la población se resignara a una existencia casi numantina, optara por ser pueblo de ermitaños y ascetas, y que haga como dicen que hacía Diógenes, que iba al mercado de su tiempo sólo para ver cuánto no necesitaba para vivir  y que de eso se tenga por un imposible, también se ha encargado la exitosa “educación” cultural capitalista. Muchos pensadores ya se han convencido de que el ser humano necesita más bien poco para ser feliz, obtener un confort razonable y suficiente para la salud corporal y física, incluso no sólo más sano para el cuerpo humano, sino para la sana conservación del entorno. Pero hoy la mayoría de la humanidad llana de cualquier país (y muchos intelectuales), no sólo ni conoce esas ideas por ejemplo del decrecimiento y el consumo equilibrado, sino que las consideraría descabelladas. Ningún político puede hoy basar su discurso en la idea de la austeridad, que en los momentos heroicos de la revolución inspiró y sostuvo a tantos cubanos. Pero para los que ponen sus esperanzas en jugar sólo con las cadenas del capitalismo, pero no ser víctimas del mono, sería recomendable que pensaran un poco en lo irónico que resulta que, si algunos hablan hoy con burla y recriminación  de los tantos llamados que hubo que hacerle al pueblo cubano para que resistiera con austeridad, hoy sin embargo sean los centros financieros de poder los que en nombre de la necesidad de ser austeros, están sometiendo al despojo a muchos ciudadanos de sus “desarrollados” países, y no precisamente en medio de la esperanzada  y heroica voluntad de hacer una revolución social, sino como un forzado retroceso de las cotas alcanzadas por su mismo sistema.

 

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