No es muy frecuente que en http://lapupilainsomne.wordpress.com, blog de Iroel Sánchez, aparezcan muchos comentarios de corto vuelo mental. En el tema que ocupa ahora mismo la polémica de turno, (http://lapupilainsomne.wordpress.com/2014/09/30/la-increible-y-triste-historia-de-un-tiro-por-la-culata/.html) ya por lo menos van dos que aunque se retraten ellos mismos, el autor ha dado cumplida respuesta. Pero aunque,a mi vez, procuro evitar los argumentos y los ataques ad hominem, en ocasiones resulta casi imposible. Sobre todo porque a las ideas se le puede responder con ideas, pero a los exabruptos sólo puede decírsele que la bofetada con que tratan de pensar, es su mejor y único argumento.

No creo que yo sea capaz de dar una definición completa de lo que considero un buen cubano. Por otra parte, hay conceptos más bien intuitivos que, si no se sienten, no se van a comprender por mucho que se explique.

Pero al menos puedo sostener que al buen cubano le distinguen todas  aquellas que aceptamos como buenas cualidades y que distinguen a cualquiera buena persona–ciudadano de cualquier nacionalidad de este mundo, y entre ellas ocupan un lugar relevante el respeto y la decencia que pueden ser, en los adversarios de ideas, cualidades que le distingan y se le reconozcan también por decencia y respeto, si se opone convencido de ellas, con honestidad, y sin rendir tributo oportunista a las coyunturas para su sólo provecho individual.

Ese tipo de personas, en su escalón superior, llevan la consecuencia y coherencia de sus vidas hasta morir por una causa y por sus ideas que, no por casualidad, son siempre causas e ideas que se oponen a los poderosos de este mundo y a favor de la visión y las justas aspiraciones y los objetivos de los oprimidos.

Por eso la definición de buen cubano va más allá de las cualidades personales universalmente aceptadas y trascienden hacia la actitud política de las personas ante las dominaciones. Y ya en ese terreno se produce lucha, y cuando hay lucha hay adversarios y enemigos. De allí que la respuesta de Iroel haya sido una cita de Martí y no se refiera a cualidades meramente personales, porque se sabe muy bien que, por ejemplo y por sólo poner uno, el presidente de un estado puede ser en efecto muy buen padre, esposo y abuelo amantísimo, y con la misma mano que acaricia una tierna cabecita inocente, puede firmar la orden de bombardear toda una ciudad repleta de civiles, mujeres, niños y ancianos tan buenas personas y tan inocentes como las que más.

Se trata, entonces de una cualidad política, de una actitud ante intereses colectivos, de la evaluación acertada de un momento histórico, de la visualización del verdadero enemigo en una coyuntura dada, de una convicción antianexionista y de un principio que los cubanos tienen la suerte de leer bien temprano en sus vidas, aquel que se concibió en versos, casi en plena adolescencia, para explicarle a su madre la causa de su muy temprano sacrificio, y que quedaría, desde entonces, como un rasgo indeleble del buen cubano:

“el amor, madre, a la patria, no es el amor ridículo a la tierra ni a la yerba que pisan nuestras plantas, es el odio invencible a quien la oprime y el rencor eterno a quien la ataca”.

Y ello está conectado, como misteriosos vasos comunicantes, al respeto y la veneración especiales que merecen los muertos si han hecho bien la obra de sus vidas, sobre todo si esos muertos la han ofrendado – y no importa si acaso tuvieron alguna característica o defecto personal incómodo – por causas que decidían la vida y la suerte de todo un pueblo.

Por todo ello, quien sostenga que no le “importan ya los muertos”, o piense genéricamente que a otros no les importan, apuntando a una descalificación genérica, o intentando desacreditar a los hombres que llevan, aunque no libres de errores, la ardua tarea de un gobierno, sistema o proyecto que ha tenido que enfrentar durante muchas décadas ya a un tenaz e inescrupopuloso enemigo, lo menos que puede decirse es que da fe de una confusión lastimosa, que uno disculpa porque quizás se origine de un sufrimiento personal tal vez pasado o presente, pero que no se puede aceptar, porque trasciende del ámbito personal al político, no ya como un rasgo de buen cubano, sino, y en ese momento quizás por exabrupto ojalá pasajero, ni como el digno de una buena persona. En todas las civilizaciones muy variopintas que han sido el hablar con respeto de la muerte de los hombres grandes ha sido común.

Pero también tenemos otros tesoros de enseñanza los cubanos que quieren y aspiran ser buenas personas y buenos cubanos, que se pueden equivocar o errar, pero que están dispuestos a rectificar y levantarse en esa lucha continua y la más difícil que libra el hombre consigo mismo: existe como rasgo de las buenas personas y los buenos ciudadanos de cualquier mundo, la fe en el mejoramiento humano, y en la utilidad de la virtud.

Anuncios