Carlos Luque.

Pareciera completamente normal que la incorporación de Cuba a las instituciones financieras internacionales (IFI) y señaladamente al Fondo Monetario Internacional (FMI), sea hoy tema de análisis y debate entre algunos economistas que, desde dos posiciones bien visiblemente antagónicas, sin embargo, no pueden negar  las graves implicaciones del tema, no sólo económicas sino también  decisivamente políticas.

Pero sólo eso: pareciera “normal”, cuando no lo es, si no se olvida que las dos visiones responde a dos proyectos distintos, – es decir, la que examina y advierte lo que eso significaría como retroceso y claro peligro para la continuidad del proyecto socialista cubano ( ver en http://www.cubacontemporanea.com/noticias/13386-el-proceso-de-transformaciones-economicas-en-cuba-y-el-fmi-ii) , y la que claramente defiende la idea de esa incorporación (ver en http://cubaposible.net/articulos/la-reintegracion-economica-de-cuba-debemos-unirnos-a-las-instituciones-financieras-internacionales-2-aa5-aaaa-28-aaaa-aaaa) – y que no son más que dos claras muestras de la tensa, a veces subterránea, disimulada, pero innegable  pugna que existe  entre dos corrientes que hoy en Cuba se delinean con cada vez más claridad: la de los intelectuales, políticos, dirigentes y gente de pueblo en general, que desea hacer con éxito los cambios que sean necesarios en Cuba, pero sin renunciar a la línea maestra del proyecto socialista cubano, por una parte, – y la de cierto círculo de intelectuales y economistas, y sin dudas, también cierta parte de la población, que ven el éxito de los cambios sólo posible a partir de una incorporación del país al mainstream del mercado capitalista mundial, aunque eso signifique lisa y llanamente, la  entronización del capitalismo en Cuba, con todas las consecuencias que a estas alturas de la historia capitalista neoliberal son ya de sobra conocidas.

Para el lector no especialista, pero que ha procurado estar al tanto de las consecuencias que para las mayorías de sus poblaciones conlleva atarse a las  condiciones exigidas por FMI en aquellos países, sobre todo  latinoamericanos,  – pero no sólo, como es el reciente caso de Grecia -, que giran sus economías alrededor de ese instrumento financiero , no deja de ser algo insólito que un economista (Pável Vidal Alejandro, Doctor en Ciencias Económicas, ver en http://cubaposible.net/articulos/la-reintegracion-economica-de-cuba-debemos-unirnos-a-las-instituciones-financieras-internacionales-2-aa5-aaaa-28-aaaa-aaaa), al argumentar las bondades de una eventual incorporación de Cuba a ese instrumento,  abunde sólo en argumentos que  tratan de apuntalar lo que considera positivo de esa incorporación, sin mencionar siquiera las condiciones que el FMI exige cumplir para dar acceso a sus créditos. Y sólo para apuntalar su optimista visión, sin más argumentos que su propio criterio de que todo sería bueno, bonito y barato,  sin mencionar siquiera los muchos casos en que las economías endeudadas con el ente financiero se han visto completamente descalabradas y eternamente endeudadas.

Claro que esta postura no tiene en cuenta que el proyecto socialista cubano, por mucho que tenga que cambiar y rediseñarse, tiene como columna maestra y vertebral de su sentido histórico todo lo diametralmente opuesto de lo que ha significado el FMI hasta este mismo minuto histórico en todos aquellos países de economías subalternas donde impone sus dacronianas políticas de choque, que de tan evidentes que son, gritan por su ausencia en las consideraciones del citado economista. Que en Cuba, y en el seno de sus altos centros de investigación tenemos los posibles tecnócratas economistas  de un eventual futuro capitalismo isleño, esta es una prueba fehaciente. Que tal futuro es algo menos que impensable, también debería estar igual o más claro. Pero ya la historia nos ha curado en salud, nada hay inamovible, nada seguro y por ello hay que advertir y hacer ver con claridad y constantemente.

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