La pupila insomne

Todos los accesos al campo de batalla han sido minados. El campo es un círculo cerrado, y en él, un grupo de “ofendidos” apedrea al “ofensor”. Si te unes a los que lanzan piedras, “defiendes” la libertad de expresión, la diversidad; si tratas de defender el derecho a opinar, y reconoces algún atisbo de verdad en la opinión del que se pretende estigmatizar, eres un censor. Las advertencias son claras: el articulista que ha desatado la ira –y propiciado el contraataque que, esperan ellos, constituya una lección definitiva para todos los que piensan como él–, es “vil”, “mezquino”, “un ser de las sombras”.

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