Por Carlos Luque Zayas Bazán

Partimos en esta nota de esta interrogante: ¿Irreversibilidad del socialismo, o irreversibilidad de la voluntad y la aspiración de construir el socialismo?

Resulta tan difícil como casi insuperable para el hombre común, participar con acierto y utilidad en la discusión sobre los temas que ahora mismo son actuales en el debate cubano.

Sobre todo cuando se trata de meditar sobre las opiniones o propuestas de destacados intelectuales y especialistas que tienen, por su trayectoria académica y su experiencia e inteligencia, una vastedad de conocimientos y especializaciones que naturalmente puede no estar en las facultades del que se interese por sus ideas.

La conciencia de esa dificultad se hace muy punzante, pero, ¿no es acaso la sociedad toda el destinatario natural de la producción de las ideas que propone su intelectualidad?

El intelectual tiene siempre una grave responsabilidad porque, deséelo o no, se supone que está más consciente que el resto de los ciudadanos de que el mérito o prestigio de sus saberes ayudan a conformar cosmovisiones, forja conciencia, forma matrices de opiniones, e influye, en fin, en amplias masas que, después, con sus juicios y acciones son los que básicamente deciden los rumbos de las sociedades.

Por lo tanto, el hombre común, a pesar de esa limitación auto reconocida, debe hacer un máximo esfuerzo por entender, y meditar, y, llegado el caso, no temer a la equivocación y expresar su opinión acerca de las propuestas que emanan de las obras o investigaciones de la llamada inteligencia social.

Es con esas salvedades en mente de las enormes distancias que existen entre el especialista y el lector no especialista, pero atento y respetuoso del saber ajeno, que me propongo comentar una idea en estas notas, después de la primera lectura de una entrevista en que el destacado intelectual cubano Aurelio Alonso responde sobre La necesaria apertura a un debate inteligente, comprometido, desprejuiciado y sin temores en Cuba. Y sólo sobre un punto del contenido de esa entrevista, el que se refiere a la idea que está contenida en el título de esta breve reflexión. No con la esperanza de que el autor la conozca, pero sí como meditación propia que quizás puede ser interés y también meditación de otros que igualmente tengan sus propias ideas al respecto.

Para fijar bien el tema, cito el fragmento donde se expone la idea que me interesa.

“La coyuntura histórica que marca nuestra actualidad, y lo hace de manera contradictoria, es el derrumbe del sistema soviético, que reveló que la “irreversibilidad del socialismo”, aceptada como ley económica, de ley no tenía nada, ya que el socialismo había fracasado.”

Es bien sabido que cierta historiografía sobre el fenómeno del derrumbe soviético y la desaparición de la comunidad socialista europea, emplea mayoritariamente los términos “socialismo real” o “socialismo realmente existente” y a veces socialismo histórico, para dejar sentado que el fracaso de la utopía o la aspiración socialista se circunscribe a esa experiencia histórica, o lo que quizás sea lo mismo, a un modo acotado y epocal de intentar su construcción. Así es en numerosos autores, para impedir, creo yo, que el término de fracasado se aplique con supuesta razón al proyecto histórico mismo del socialismo, y a su legitimidad como esperanza para la humanidad y alternativa siempre válida al capitalismo.

La historiografía anti socialista, o anticomunista, en cambio, y por supuesto, ha entendido y extendido el fracaso de aquel socialismo a todo el ideal histórico, a su esencia misma, para convencer sobre la inviabilidad de ese sistema y usufructuar el descrédito mundial que se fue sembrando en el imaginario mundial de las izquierdas, tal vez sobre todo desde que en la década del 50 del siglo pasado se comenzó a conocer la historia del período de gobierno de Stalin.

El autor cuyo párrafo cito más arriba también emplea “socialismo real o histórico”, por ejemplo en su texto “La economía cubana: los desafíos de un ajuste sin desocialización”, en Economía cubana: ajuste con socialismo, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1994. En otros lugares de su obra o en entrevistas, se puede constatar también la utilización de ese concepto. Es por ello que en el párrafo citado el uso de la expresión “…ya que el socialismo había fracasado”, es meramente casual y no pertenece al concepto que mayoritariamente el autor maneja en su valiosa obra.

Ahora ¿por qué se le presta atención a este asunto que puede ser sólo terminológico?

En primer lugar, porque no es sólo cuestión de preferir uno u otro término en la liza del debate en Cuba, o en cualquier otro punto del planeta que hoy se convulsiona en una profunda crisis, que también es crisis del aparato teórico y crítico de las izquierdas. ¿Por qué?

En particular en Cuba, y en autores cubanos y no cubanos desde el exterior, se está repitiendo insistentemente que el socialismo cubano ha fracasado, preparando las exequias antes que exista el cadáver, sin más añadidura ni precisión, y ello en consonancia con otro cuerpo de ideas y propuestas que se dirigen e influyen, o pueden influir, sin dudas, en el caldo de cultivo ideológico del debate cubano, ideas que se relacionan con otras propuestas como el pluripartidismo al uso, o la pérdida del carácter rector de la sociedad del Partido Comunista.

Repito, por si no se repara bien en ello, que el respetado autor cuyo fragmento de texto comento, no usa en su obra el concepto de “fracaso del socialismo” de forma genérica, ni aplicándolo al proyecto ecuménico en sí, sino que seguramente lo usa aquí con respecto al soviético, que menciona inmediatamente antes cuando afirma que “..la “irreversibilidad del socialismo”, aceptada como ley económica, de ley no tenía nada, ya que el socialismo había fracasado.” Y se refiere al soviético, como queda claro en el párrafo.

Pero en segundo lugar, lo más importante es el tema del carácter irreversible del socialismo.

Se trata de que también en la corriente de opinión a que aludí más arriba se está tratando de refutar la legitimidad de que en la Constitución Cubana se haya declarado, o se mantenga en el futuro, el carácter irreversible del socialismo como proyecto de la nación. Es decir, hay una diferencia entre que se considere la irreversibilidad de un sistema como ley, de que se refrende una voluntad irreversible como proyecto o aspiración.

Los defensores de esa exclusión no han argumentado con rigor en qué basan esa invalidez, más allá de la mera opinión o el lenguaje academicista de ocasión. Quizás se apoyen en que la irreversibilidad de un sistema no se manifiesta como ley de la historia o que quizás en una democracia algún pueblo un día puede votar conscientemente por el capitalismo realmente existente.

En la exigencia de esa exclusión juega su papel el aprovechamiento del descrédito de aquel “marxismo” que nos enseñaron en las escuelas, donde los sistemas económicos sociales se sucedían graciosamente desde las cavernas hasta la gloriosa culminación automática de los sueños del hombre en el comunismo. Pero ya sabemos hace tiempo que aquello no era el espíritu del marxismo verdadero, y que Marx dejó muy poco dicho sobre el socialismo, aunque algunos ocultan que hacia los finales de su vida modificó algunas de sus concepciones básicas ante el conocimiento de la realidad rusa del momento y rompió en buena medida con aquel automatismo de sucesiones, admitiendo que el nuevo modo de vivir podía originarse en las periferias del capitalismo, como finalmente sucedió repetidas veces.

Sólo hay que tener en cuenta que la concepción cubana, tal como yo la entiendo, no propone la existencia de la entelequia de una ley histórica que justificara el carácter objetivo y científico de la irreversibilidad del socialismo, sino la irreversibilidad de la voluntad de su pueblo en su aspiración de construir el socialismo, que es una y muy otra cosa.

En realidad, la voluntad y la aspiración de vivir en un mundo distinto, sea socialista o cualquier otra concepción que el hombre invente o imagine en el futuro, mientras sea algo raigalmente diferente a lo conocido hasta ahora globalmente, es y parece que será una noble e irreversible aspiración de la mayoría irredenta de esta humanidad. Entonces creo que un pueblo tiene el derecho de refrendarlo en su ley de leyes. Al menos hasta que no lo cambie en una suerte de ejercicio suicida democrático, como ocurre hoy en algunos de nuestros paisitos del sur donde los pueblos no han votado por el capitalismo sino por alguna de las opciones o variantes de lo mismo con la ayuda decisiva de la manipulación y las guerras mediáticas de baja intensidad.

Pero como Cuba respetará su democracia, y como no es posible imaginar hoy que un país o gobierno que dañe los intereses capitalistas pueda gestionar su democracia en estado de paz y sin intromisión mediática, y si es necesaria hasta la amenaza militar misma o de cualquier tipo (Venezuela hoy, o la célebre torcedura de brazo que confiesa un presidente cuando no le obedecen), quizás dejar fuera de del proyecto cubano la irreversibilidad de la voluntad y la aspiración de su pueblo de construir el socialismo, sea el escenario más propicio para las aspiraciones neocapitalistas y las agresiones suaves y culturales de nueva factura.

Yo, como hombre común, aspiraría, cuando no exigiría a nuestros intelectuales, que no sólo analicen los problemas cubanos dentro y fuera del país, cosa esta última que todavía no me parece legítima, que no sólo hagan un inventario de manquedades y fracasos y, que como parte de sus soluciones y propuestas también estudien con todo rigor esta pregunta, ¿cómo una sociedad hoy puede impedir que en un escenario de ejecución democrática al uso del que conocemos en Latinoamérica, no intervenga toda la maquinaria mediática y todos los poderosos recursos de la injerencia externa?.

Sé que sería un muy difícil ejercicio hasta para la más deslumbrante inteligencia, pero también creo que esa tarea no se puede dejar sólo al pueblo llano y a sus políticos. El intelectual también tiene más alta responsabilidad en ello. Si no hay fácil respuesta para ello todavía, yo creo y propongo, en este debate de la nación, que Cuba debe blindar la irreversibilidad de un propósito, de una voluntad y de una aspiración, aunque la existencia del socialismo no sea una ley desde el punto de vista de lo que sabe hasta ahora la ciencia política o sociológica, que por cierto, no son ciencias exactas. Encontrar esa respuesta a la pregunta que hago es de la máxima responsabilidad en Cuba. No sólo los llamados a los debates o limitarse sólo a la crítica del modo como se ha debatido en Cuba, que por cierto nunca ha faltado. Creo que es lo primero que se debiera debatir o a menos como parte de cualquier otro tema.

Anuncios